martes, 30 de diciembre de 2014

28.

Siempre con sueño, pero sin poder dormir.

Imagino días en quedo solo en la casa y me doy el lujo de dormir todo lo que yo quiero y mi cuerpo desea por todos los días de mi vida en que no logré conciliar el sueño. Me imagino durmiendo más de 24 horas, más de 48  ininterrumpídamente, maratónicamente. Imagino eso y me consuelo y espero ese día.

¿Te sucede imaginar cosas que te ocurrieron en un pasado que nunca pasó? ¿te sucede eso? contéstame.
Cuando iba a la universidad (yo joven aún, un mozalbete de 23) vivía en un departamento en el centro, en el décimo piso de una torre cerca de la facultad. Me iba a pie todas las mañanas a clase. Vivía solo en aquel departamento. Llevaba una vida que me gustaba no por el hecho de estudiar lo que estudiaba sino sólo por el hecho de vivir en semisoledad  en ese lugar  y tener que salir todos los días para cumplir aquella rutina sabiendo que a la vuelta estaría mi departamentito, mi cueva mi refugio, esperándome y yo podría, entonces, hacer lo que se me antojara que por lo común era quedarme tirado en la cama leyendo o salir a correr en la tarde por el parque cercano.  Por la noche me encantaba sentarme en el balcón  y mirar las luces de la ciudad sintiendo la brisa de altura sobre mi cara. Escuchaba a lo lejos el rumor de la ciudad bohemia y si ponía más atención podía oír los chillidos de los murciélagos que revoloteaban  en el aire; no podía verlos por más que me esforzara y tratara de aguzar la vista.
Un día escuché decir a un compañero que había dormido casi 48 horas sin interrupción. Decía haberse tomado un par de pastillas somníferas muy fuertes y que al despertar se sintió lleno de energía y ganas de vivir. En los días subsiguientes no dejé de pensar en aquello, así que me conseguí de esas pastillas y una noche, al irme a la cama, me las tomé. Bastaba con dos, mi compañero había tomado dos. Yo agregué una más. No supe más del mundo hasta 60 horas después. Fue como viajar en una máquina del tiempo. Un viaje al futuro, me había saltado dos días y desembarqué en otro tiempo. Tenía mucha sed y un hambre de perro, sentía mi piel engrasada y dolores musculares aunque nada desagradables. Por dos días no había sabido del mundo y ni siquiera lo sentí, no me parecía haber dormido por tanto tiempo. Todos creían que había andado de viaje y era cierto. Me sentí y fui libre por dos días, me había escapado y burlado de este mundo...por dos días. Me reí de todos y no le conté a nadie, no había nadie digno para eso, para compartir ese mi tesoro.
A veces me quedo abstraído pensando en ese viaje, por lo general es en la noche, con los ojos abiertos en la oscuridad, o cerrados también, pienso en esos recuerdos que nunca ocurrieron, en ese departamento en las torres de San Borja que nunca existió  y es como escaparse también, como viajar, o como ver una película archivada en algún casillero de mi mente, una película que saco para ver. 

1 comentario:

  1. Mi récord fue de 32 horas durmiendo ininterrumpidamente, sin pastillas, sólo por cansancio.

    Ay, si esas torres contaran las fantasías que he tenido (o sigo teniendo) allí... Me deja sumamente desconcertada y curiosa con esta entrada, estimado Cristián.

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