sábado, 14 de febrero de 2015

31.

Estoy solo en casa. Es rico estar solo en casa; son tan pocos los momentos en que puedo estar solo en casa.

ELLA dice que yo le escribo cosas lindas ¿será? ¿yo soy ese?

Febrero, hace mucho calor, es la tarde, corre viento. Como que ya se anuncia Marzo y hasta semana santa.
Últimamente  he estado leyendo las entradas de una joven bloguera, estudiante de la U. Me hace recordar cuando yo tenía, más o menos, su edad. Me da ganas de escribirle, decirle algo, de contarle cosas, pero qué, para qué. Escribe mejor que yo a esa edad en cuanto a temas, estilo, redacción y ortografía. Que penca era yo a esa edad, es decir jajaja, más penca aun(de lo que soy ahora) . Parece cliché, pero es verdad ese cliché, es verdad eso de "parece que fue ayer".

Siempre tengo un sueño ¿o una visión? he aquí esa visión:
Soy ya viejo, anciano, la barba muy larga y blanca, ropas raídas y sucios zapatos rotos y vivo en la calle, soy un indigente que deambula por el centro. De pronto, me encuentro caminando por el parque Forestal; es primavera, el olor de las flores, la brisa de Noviembre, el sol muriente de la tarde onda spleen. La mente de este viejo, o sea yo, se transporta a la juventud, en un momento en esa misma época del año, décadas atrás: me veo en la facultad estudiando para un examen con I, está en ese recuerdo la misma mierda emborrachante de ese spleen (aromas de flores, sol muriente, colores bellos etc) todo eso que me llena que inunda al anciano indigente, pero combinado con la presencia de I que se ve especialmente bonita, luminosa con un vestido floreado (I rara vez se ponía vestido). La mina está tan hermosa o a mi me lo parece (al joven yo) que me imagino declarándome. Me digo a mi mismo, y si no sólo lo imaginara, y si lo hiciera ahora en este preciso instante: le diré un piropo, cosa que nunca hice y que creo ella no espera , y luego le diré: I, estoy enamorado de ti, se lo diré como si nada, como quien dice, mira que bonitos esos árboles. Estoy a punto de lanzar mi declaración cuando alguien nos interrumpe(o me interrumpe) y yo aprovecho entonces para tener un pretexto y no decirle nada. Pero en verdad, es indiscutible eso, el que nos interrumpió nos cagó la onda.....a los dos.
El viejo vagabundo sin casa y que duerme debajo de un puente,  yo, recuerda todo lo anterior en el parque forestal muy cerca de la facultad de su juventud y en primavera también, está en eso cuando, y de improviso, divisa a I que viene caminando hacia mi, hacia el anciano. Por un momento pienso en hacerme el que no la veo, para no tener que saludarla ni hablarle, pero luego reculo. Nos encontramos, nos saludamos, nos hablamos. Ella está vieja, pero sigue siendo bonita a mi parecer, yo según ella, irreconocible. Quiere darme dinero, su número de teléfono, invitarme a comer algo, pero yo lo rechazo todo. Nos vamos a sentar a un banco del parque y le cuento lo que estaba en esos momentos recordando, es decir le confieso haber estado enamorado de ella perdidamente hace más de treinta años atrás, le hago recordar aquella primavera, el detalle de su vestido floreado, y que yo me moría por ella, que lloraba todas las noches como un niño por ella y que ese día estuve a punto de declararme. A Irene le empiezan a correr lágrimas, pero, yo , oh sorpresa, estoy frío, nada emocional me sucede, me encuentro en paz, en un vacío como indiferente, ya no tengo ningún miedo a nada ni a nadie. Le digo que el tiempo ya pasó, que no me arrepiento de nada de lo que hice o no hice, que estoy en completa soledad pero bien, que asumo mis actos y punto. Luego me voy.
La verdad la única vez que vez que vi casi llorar a I fue porque no encontraba cigarros que fumar. Debo decir que no me explico su aparición en la visión.

domingo, 8 de febrero de 2015

30.


Todos los momentos de la vida son irrepetibles, los buenos momentos también lo son. Son los más irrepetibles. Imposible agarrarlos, retenerlos. 

Pero de algún modo se retienen. Allí uno se refugia.

Quedarse viviendo ahí, construir una casa ahí, dormir, salir y volver a ese lugar.